sábado, 19 de octubre de 2013

Crítica de "Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer" de David Foster Wallace

Portada del libro Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer de David Foster Wallace



Ensayo del escritor norteamericano David Foster Wallace
¿Cómo empieza?
"Es sábado, 18 de marzo, y estoy sentado en la cafetería abarrotada del aeropuerto Fort Lauderdale, matando las cuatro horas que separan el momento de bajar del crucero de la salida de mi vuelo a Chicago, intentando componer una especie de collage sensorial hipnótico de todo lo que he visto y oído y hecho como resultado del encargo periodístico que acabo de terminar."

¿Qué cuenta?
David Foster Wallace se embarca en un crucero de lujo, dispuesto a contarnos hasta el más mínimo detalle de su extravagante experiencia a bordo. Un retrato del absurdo que envuelve a los cruceros de lujo, contado en primera persona por uno de los escritores más mordaces de la literatura moderna.

La idea
La atención al detalle (casi) enfermiza de DFW.

El fragmento
"He visto trajes de chaqueta y pantalón de color fucsia, cazadoras de color rojo menstrual, anoraks de color marrón y púrpura y zapatillas deportivas blancas sin calcetines. He visto corredoras profesionales de blackjack tan encantadoras que te dan ganas de ir corriendo a su mesa y gastarte hasta el último centavo jugando al blackjack. He oído a americanos adultos y boyantes preguntar en el mostrador de Atención al Pasajero si hay que mojarse para bucear, si el tiro al plato tiene lugar al aire libre, si la tripulación duerme a bordo y a qué hora es el Buffet de Medianoche. Ahora conozco la diferencia combinatoria entre un Slippery Nipple y un Fuzzy Navel. Sé qué es un Coco Loco. En una semana he sido objeto de mil quinientas sonrisas profesionales. Me he quemado y he mudado la piel dos veces. He tirado al plato en el mar. ¿Es esto suficiente?" (p 9)

¿Por qué tienes que leerlo? 
Porque DFW disecciona a la perfección el mundo de los cruceros de lujo: desde la perversión de los folletos publicitarios hasta el sistema de castas imperante en la tripulación, o la atención exagerada de la compañía por cuidar de los pasajeros.
Porque esta radiografía del ridículo está repleta de comentarios incisivos, a menudo -y como es habitual en el estilo del autor- en forma de notas al pie:
74. Siete vueltas a la cubierta 12 son un kilómetro y medio, y yo soy uno de los pocos tripulantes del Nadir de menos de setenta años que no hace jogging como un loco ahora que hace buen tiempo. Las primeras horas de la mañana son la hora punta anular del jogging en la cubierta 12. Ya he visto un par de choques bastante jugosos y dignos de películas de la Keystone entre practicantes del jogging.
110. Otra cosa que he aprendido en este Crucero de Lujo es que un hombre no puede estar más atractivo que vestido con uniforme blanco de oficial de la marina. Las mujeres de todas las edades y niveles de estrógenos se derriten, suspiran, tiemblan, ponen ojitos y gritan «yupi» cuando pasa alguno de estos navalmente resplandecientes oficiales griegos, fenómeno que no creo que contribuya precisamente a la humildad de estos griegos. 
Porque en el fondo, y a pesar del tono semihumorístico del texto, nos enfrentamos a un magnífico relato sobre el horror:
Hay algo insoportablemente triste en los Cruceros de Lujo masivos. Como la mayoría de las cosas insoportablemente tristes, resulta increíblemente elusivo y complejo en sus causas y simple en sus efectos: a bordo del Nadir -sobre todo de noche, con toda la diversión organizada, la amabilidad y el ruido del jolgorio- me sentí desesperar. La palabra se ha banalizado ahora por el exceso de uso, desesperar, pero es una palabra seria, y la estoy usando en serio. Para mí denota una adición simple: un extraño deseo de muerte combinado con una sensación apabullante de mi propia pequeñez y futilidad que se presenta como miedo a la muerte. Tal vez se parezca a lo que la gente llama terror o angustia. Pero no acaba de ser como esas cosas. Se parece más a querer morirse a fin de evitar las sensación insoportable de darse cuenta de que uno es pequeño, débil, egoísta y de que, sin ninguna duda posible, se va a morir. Es querer tirarse por la borda. 
Alguna curiosidad para acabar
Foster Wallace se embarcó en esta aventura después de que la revista Harper’s le encargara un artículo sobre los cruceros de lujo.

Título: Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer
Título original: A Supposedly Fun thing I'll Never do Again
Editorial: DeBolsillo
TraductorJavier Calvo
Año original: 1997
Páginas: 160
ISBN: 978-84-9908-356-8

6 comentarios:

Sonia Aguirre Duque dijo...

Suena tentador, me recuerda mi fugaz experiencia como organizadora de viajes corporativos a Punta Cana: felicidad teñida con colorante artificial.

Un saludo,
S.

Ana Blasfuemia dijo...

Me había propuesto leer algo de este autor y había puesto mi atención en Extinción o El rey pálido, pero ¿ves? no se puede hacer planes, los libros te asaltan así sin previo aviso. Y claro, me has convencido ;)

Gracias y un saludo!

Listas de Libros dijo...

Hola Sonia,

Pues con semejante bagaje, estoy seguro de que te gustaría leerlo. Dímelo si te animas.

Hasta la próxima.

Listas de Libros dijo...

Hola Ana,

Los dos libros que comentas no los he leído, así que no puedo opinar, pero éste lo leí del tirón. Espero que te haga pasar tan buen rato como a mí.

Saludos y no dudes en comentar cuando lo acabes.

Sonia Aguirre Duque dijo...

Pues me he animado y ha rebasado mis expectativas, GRACIAS por la recomendación, en mi blog me explayo: http://heroinasdiscolas.blogspot.com.es/2014/01/algo-supuestamente-divertido-que-nunca.html
Un abrazo,
Sonia

Listas de Libros dijo...

Hola Sonia,

Buenísimo tu blog, y muchas gracias por volver y comentar tus impresiones.

Hasta la próxima...

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