miércoles, 8 de enero de 2014

Crítica de "La última noche" de James Salter

Portada de La última noche de James Salter


Este libro de James Salter es una colección de Relatos
¿Cómo empieza?
"Philip se casó con Adele un día de junio. Estaba nublado y hacía viento. Después salió el sol. Había pasado bastante tiempo desde la primera boda de Adele, que vestía de blanco: zapatos de salón blancos con tacón bajo, falda larga blanca ceñida a las caderas, blusa blanca vaporosa con sujetador blanco debajo, y un collar de perlas de agua dulce. Se casaron en la casa que ella había obtenido con el divorcio. Todos sus amigos estuvieron presentes. Adele creía en la amistad."
(Del relato: "Cometa"). 

¿Qué cuenta?
Siempre con las relaciones de pareja como telón de fondo, este volumen de relatos recupera algunos temas centrales en la obra reciente de Salter, como el desengaño, la traición o la nostalgia. 

El relato
"La última noche", en el que una mujer enferma de cáncer le pide a su marido y a una amiga a que le ayuden a suicidarse:
Era la noche que habían elegido. En un plato, dentro de la nevera, estaba la jeringuilla. Su médico les había proporcionado el contenido. Pero antes una cena de despedida, si ella se veía capaz. Pero que no fueran ellos dos solos, había dicho Marit. Cosas del instinto. Se lo habían preguntado a Susanna en vez de a otra persona más próxima y afligida, como la hermana de Marit, con la cual, de todos modos, ella no mantenía buena relaciones, o algún otro amigo de más edad. Susanna era más joven. Tenía la cara ancha y una frente alta y despejada. Parecía la hija de un profesor o un banquero, ligeramente díscola. Una guarra, había comentado de ella uno de sus amigos, no sin cierta admiración.
El fragmento
"Estaban cada noche en Goldie's, o en Clarke's, adonde él solía ir también regularmente. Siempre le daban una buena mesa, en la parte del centro cerca de la puerta falsa, o en la de atrás cerca de la gente y el invariable menú escrito pulcramente con tiza. A veces se quedaban en la larga barra rayada con aquel rótulo anunciando que allí no se servía a mujeres bajo ningún concepto. El encargado, los barman, los camareros, todo el mundo lo conocía. Clarke's era su verdadera casa, sólo se iba de allí para dormir. Bebía muy poco a pesar de su aspecto, pero siempre invitaba a otros y se quedaba horas en la barra, con alguna que otra escapada al servicio, un pabellón aparte, oblongo y pasado de moda, donde orinabas como un archiduque sobre barras de hielo. A Clarke's iba gente de la publicidad, modelos, hombres como él mismo, y policías fuera de servicio a última hora de la noche. Arthur enseñó a Noreen a reconocerlos; zapatos negros y calcetines blancos. A Noreen le encantaba. Era siempre bien recibida, con su figura y su deslumbrante carcajada. Los camareros la llamaban por su nombre."
(Del relato: "Palm Court", p 110)

¿Por qué tienes que leerlo? 
Porque Salter es un maestro de los diálogos, cualidad que sobresale en relatos como "Cometa" o "El don".
Porque "La última noche" es un relato magistral, definido en un artículo de Antonio Muñoz Molina como «ese cuento que uno da a leer de inmediato a la persona querida, urgiéndole a dejar de lado cualquier otra tarea; el cuento que si uno lo lee estando a solas quiere leer por teléfono a alguien, o tiene la tentación de contar en voz alta, como contaba de niño en el patio de la escuela una película a la mañana siguiente de verla.»

Alguna curiosidad para acabar
Las memorias de Salter están recogidas en "Quemar los días" libro en el que el autor repasa algunas de sus mayores pasiones, como las mujeres y la literatura.

Título: La última noche
Título original: Last Night
Editorial: Acantilado
Traductor: Luis Murillo Fort
Año original: 2005
Páginas: 160
ISBN: 978-84-9838-070-5

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